Monday, August 21, 2006 3:26 PM
por
Isabel
21/8: Historias desarticuladas
Una:
Entre tanto silencio vestido de buenos muchachos, el alma de mi voz aún dormida no encuentra el camino para regresar a casa. Y casa es una puerta, una espada. Y nadie se tumba para darle la mano, salvo Horacio y su mundo de payasos con sal.
Dos:
Entonces las guitarras, las del patio de atrás, se suben a mi espalda y entonan desafinadamente una cruda canción de cuna. Una canción terrorífica. Acaso te creías que sólo a los bebés les gustan las melodías suaves. A mi beba de seis meses le apetece más ver una película de miedo que escuchar el arroz con leche.
Tres:
Baila Anaconda sobre mi cabeza y una mano tipo perro muerto la estrangula. La víbora muere y yo me quedo sola con su piel verde y sus escamas. Algunos ratones todavía no han sido digeridos. Entonces recuerdo que también soy su hija. Y mientras me como una rata, vomito algún verso estrafalario en mi sombrero de paja último modelo. La poesía no es sinónimo de buenos modales, mi subconsciente tampoco.
Cuatro:
Me cansé de escribir pavadas. Saquen sus propias conclusiones.